ENTREGA R2 TALLER PINTURA Y COLOR

Pública

Dejo por aquí el resultado de las dos obras realizadas en la segunda entrega del Talle de pintura y color.

Comencé realizando la obra con óleos, realizando toda la parte del rostro con éstos. No obstante, al comprobar que el papel de gramaje de 300 gramos no permitía cubrir bien, no deslizaba cómodamente el pincel, opté por cubrir el resto del A3 con Gouache.

Ciertamente el Gouache tampoco se adhería bien a la superficie, pero sí me permitía cubrir más cantidad en cada pincelada.

A lo largo de su desarrollo realicé varias correcciones. Por una parte, tras ver que el fondo había quedado con demasiada oscuridad, traté de corregir usando esos fríos de la paleta de La Fragua para rebajar el negro puro del fondo. Si bien el barroco más tenebrista sobresale de la oscuridad total, la figura, en este caso hablamos de una paleta algo más abierta, donde Apolo presenta luz en su corono sobre una venta de colores azul marino con tintes de violeta.

La parte luminosa de la obra se ha realizado con ocres amarillos y rojos, de color terroso y grises sobre esa tonalidad y sobre el negro puro. Finalmente (y aunque no concedido del todo con la decisión) opté por añadir la potencia para introducir la luminosidad que el cuadro de La Fragua nos muestra sobre el dios Apolo, no con tono tan luminosos, pero sí con un ocre amarillo con trazos de naranja que rompen con el color frío del fondo.

He procurado que la paleta sea, no sólo reducida, sino que exprese coherencia con la etapa de la que proviene: un barroco excesivo en su expresividad, sobriedad y recogimiento. Con una oscuridad que va quedando atrás poco a poco con una paleta terrosa, rojiza, y cada vez más abierta al cromatismo frío (precisamente por ello, el cambio radical de cromatismo realizado en el siguiente apartado al rehacerla resulta tan atractivo a la vez que chocante).

He aquí parte del desarrollo de la obra hasta el resultado final:

Partiendo de la obra anterior y de su paleta, he buscado un cambio de 180 grados en lo que ésta transmitiese sólo a través del color, pasando de un cromatismo cálido, terroso, colindando con el tenebrismo, a una paleta fría, poderosamente llamativa, que active los sentidos si ve ambas obras juntas, transmitiendo emociones opuestas ya sólo de un vistazo.

La paleta utilizada ha sido idéntica a la mostrada anteriormente sólo que esta vez con el uso predominante de los tonos fríos.

Al igual que comentaba en el apartado anterior, comencé realizando el rostro con óleo pues a nivel de acabado, mezcla y calidad del resultado, prefiero este material al Gouche. No obstante (y también en consonancia a lo resaltado en el apartado anterior) por eficacia de secado de la obra y por adherirse más rápidamente al A3 de gramaje de 300 gramos usado, acabé finalizando con acrílico la misma.

Una vez alcancé el punto que podemos ver en la segunda Imagen  (última parte de la obra realizada con óleo), decidí que quería más expresionismo en ésta, más contraste y pinceladas más largas. Quería que transmitiese algo completamente opuesto a la “sujeción” que muestro en la obra primera, y que se pudiese notar como algo completamente diferente. Así que una vez alcancé ese punto, opté por dejarme llevar sin pensar en el uso de los acrílicos (principalmente tonos de azul, violetas y verdes) con los que completé mi segunda obra:

 

Decidí sobre la marcha que el impacto debía ser inmediato, con pinceladas sueltas, esbozadas, que el rostro resaltase sin detalle, sino que se intuyera como sombra violeta sobre un fondo verde. No existen detalles, ni contornos claros, sólo colores vivos, trazos intuitivos, sombras frías que se diluyen en el verdor, sin llegar a apagar nunca del todo el tono intenso del lienzo. El no saber a dónde te va a llevar un cuadro es lo más reconfortante de pintar.

Creo que ambas, contrapuestas, transmiten perfectamente esa paradoja a través del cromatismo: una escena puramente barroca, con colores terrosos y cálidos, se enfrentan a una llamarada de color en apariencia incoherente. Una paleta que per se parece opuesta a reflejar una imagen sacra del barroco imaginero español, pero que como veíamos con los colores de la obra de Matisse, no pierde ni un ápice de sensibilidad o de capacidad para transmitir.

Aquí el resultado final:

 

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